-¡…y era una mujer tan bella!…
-Pero ¿cómo puedes saberlo si nunca la llegaste a ver?
-¡No podía ser de otra manera! Cada frase que escribía era
puro ingenio, a veces una punzada, a veces un grito, otras eran palabras que
volaban libres, siempre exenta de corsés, deliberadamente espontanea, en
ocasiones dulcemente obscena… Nunca llegué a verla pero sí escuché su voz
templada, aunque hablase de recuerdos o conflictos, templada… y mi recompensa
llegaba al notar que lograba arrancar su sonrisa… o más aún, en ocasiones sentí
que su risa volaba hasta mí… Sí, escuché su voz pero sobre todo la leí ¡la leí!...
¡No importa la envoltura cuando su contenido es bello!
