Un "por siempre" que nació siendo nunca, un "pero a tu lado" lleno de vacío, el "te quiero" que se convirtió en "te amo" resultó que nunca fue más que un juego. Quien dijo que lo peor de esta vida es no haber escuchado nunca esas palabras realmente nunca vivió el escucharlas, abrazarlas y despertar descubriendo que fueron engaño, que nunca fueron, que se vivió en una mentira, que fuiste un juguete que, ahora exprimido y roto, se cubre de polvo en el armario cerrado. Lo peor no es no ver el cielo, es creer que lo has alcanzado y que esa misma mano a la que confiado te asiste, cuando feliz te creías al fin pleno, te abofetea y te suelta de nuevo al vacío. Aterrizas dentro de tu alma cuarteada y vacía, reseca, con la saliva hecha arena y como un niño huérfano que busca una sombra donde acurrucar su cuerpo y apoyar la cabeza pero también como un perro que ya siempre va a desconfiar de las manos que aparentan ofrecer caricias y siempre ocultan palos, miras alrededor confuso, desorientado, triste, inseguro, con esa sensación de ser engañado, traicionado, utilizado...