martes, 29 de diciembre de 2015

-¡…y era una mujer tan bella!…

-Pero ¿cómo puedes saberlo si nunca la llegaste a ver?

-¡No podía ser de otra manera! Cada frase que escribía era puro ingenio, a veces una punzada, a veces un grito, otras eran palabras que volaban libres, siempre exenta de corsés, deliberadamente espontanea, en ocasiones dulcemente obscena… Nunca llegué a verla pero sí escuché su voz templada, aunque hablase de recuerdos o conflictos, templada… y mi recompensa llegaba al notar que lograba arrancar su sonrisa… o más aún, en ocasiones sentí que su risa volaba hasta mí… Sí, escuché su voz pero sobre todo la leí ¡la leí!... ¡No importa la envoltura cuando su contenido es bello!


viernes, 30 de octubre de 2015

La estancia no era la más acogedora que se pudiera desear pero para el viajero en aquel momento resultaba un verdadero palacio, el cansancio y la edad no son misericordes  con nadie y menos aún con alguien que se ha abandonado a los placeres y aventuras que, si no le salían al paso, él se encargaba de escrutar, la humedad no es buena compañera para los huesos bregados.

Se dejó caer sobre el jergón y los muelles, como un acordeón viejo, rechinaron en un quejido, a tientas palpó sobre el sobre el cajón de madera que hacía las veces de mesilla para alcanzar el libro de poemas que siempre le acompañaba, con cierto desdén lo abrió al azar y su cara se sumergió en él:

Se yerguen las montañas
bañadas de tornasol
indiferentes a las olas,
profundo castillo
del dios Poseidón,
y en los ensueños
de los abismos,
entre el nácar de caracolas
juegan remembranzas de un niño,
de un niño que no quiso ser mayor.

lunes, 26 de octubre de 2015

El viajero era indefinidamente entrado en años, de esas personas que nunca imaginarías que fuera joven alguna vez pero que nunca piensas que será viejo algún día, no era alto y sí ligeramente rechoncho, la despejada calva estaba enmarcada por cabellos blancos, muy blancos, al igual que la perilla que cirundaba una boca que al reír dejaba a la vista una completa pero irregular dentadura, ojillos vivarachos, diminutos y tan azules como traviesos y su nariz aguileña le daba aspecto distinguido sin necesitar de más alardes. El viajero había sido militar, intelectual y vividor...