sábado, 13 de febrero de 2016

Querido hijo que nunca tuve:
Ahora que llego al final de mis sueños y sé que nunca te podré abrazar, ahora que mis párpados cada vez pesan más pero duermen menos, quería decirte lo mucho que te quiero, todo lo que te echo de menos y más aún ahora que las soledades se vuelven sombras, que los pasillos de alargan y los espejos me devuelven una mueca de mi cara.
A ti, que nunca tendré la ocasión de verte la cara y saber si te pareces más a mi o a la madre que nunca existió te digo que nunca cometas mis torpezas, que seas valiente y no cedas tus sueños a tus miedos, que aunque te tiemble el alma mantengas alta la cabeza y serena la mirada, a ti te lo digo ahora que para mi ya es tarde. Que aunque el hielo de la vida te traspase el corazón nunca dejes de iluminar con tu sonrisa la penumbra de las calles. Quiero que sepas que la ilusión casi nunca llama a tu puerta y que hay que salir a buscarla, pero también descubrirás que existe y que vale la pena luchar por ella. Hijo mio, encontrarás personas malas que helarán tu alma pero descubrirás el calor de otras que habitarán en tu corazón por siempre, nunca te cierres en las mazmorras de tu espíritu y respira la vida intensamente.
Querido hijo que nunca tuve, ahora ya me despido y me quedo aquí solo de nuevo, abrazando al aire y respirando este sueño roto.

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