El viajero era indefinidamente entrado en años, de esas personas que nunca imaginarías que fuera joven alguna vez pero que nunca piensas que será viejo algún día, no era alto y sí ligeramente rechoncho, la despejada calva estaba enmarcada por cabellos blancos, muy blancos, al igual que la perilla que cirundaba una boca que al reír dejaba a la vista una completa pero irregular dentadura, ojillos vivarachos, diminutos y tan azules como traviesos y su nariz aguileña le daba aspecto distinguido sin necesitar de más alardes. El viajero había sido militar, intelectual y vividor...

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