lunes, 26 de octubre de 2015

El viajero era indefinidamente entrado en años, de esas personas que nunca imaginarías que fuera joven alguna vez pero que nunca piensas que será viejo algún día, no era alto y sí ligeramente rechoncho, la despejada calva estaba enmarcada por cabellos blancos, muy blancos, al igual que la perilla que cirundaba una boca que al reír dejaba a la vista una completa pero irregular dentadura, ojillos vivarachos, diminutos y tan azules como traviesos y su nariz aguileña le daba aspecto distinguido sin necesitar de más alardes. El viajero había sido militar, intelectual y vividor...

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