martes, 29 de diciembre de 2015

-¡…y era una mujer tan bella!…

-Pero ¿cómo puedes saberlo si nunca la llegaste a ver?

-¡No podía ser de otra manera! Cada frase que escribía era puro ingenio, a veces una punzada, a veces un grito, otras eran palabras que volaban libres, siempre exenta de corsés, deliberadamente espontanea, en ocasiones dulcemente obscena… Nunca llegué a verla pero sí escuché su voz templada, aunque hablase de recuerdos o conflictos, templada… y mi recompensa llegaba al notar que lograba arrancar su sonrisa… o más aún, en ocasiones sentí que su risa volaba hasta mí… Sí, escuché su voz pero sobre todo la leí ¡la leí!... ¡No importa la envoltura cuando su contenido es bello!


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